domingo, 9 de abril de 2017

Amor de diario

Quizá yo no fuera tú momento oportuno, ni tus despedidas a medias entre besos con el sabor de antes, con "te quieros" que parecen olvidados y una caricia para después.

Tal vez me demoré demasiado en decirte mis anhelos pensando en el mañana, y hablé de tiempos futuros en los que vivimos mejor.

Pero es que tu alma es mi compañera, y las sombras se ciernen titánicas porque así es nuestra historia, una muralla cerrada en torno a nuestros corazones que muestran apenas lo que llevamos dentro.

Créeme, y siente tus sueños en los míos y atrévete a seguir atravesando esta selva de mundo en la que nos encontramos. No sabes bien lo bien que sabes, tú haces fantasías realidad. Vamos a unir nuestras dos mitades. Mitad y mitad. Mitad y mitad.

viernes, 20 de enero de 2017

C.

Como una sensación indescriptible que me sube desde la boca del estómago, esto es lo que siento, y se lo grito al mundo, hasta que lo sepan en la China, hasta que lo sepan en la luna;

Te quiero. Te quiero de verdad, y sin razón, mi corazón me lo manda, y andando camino al tuyo al tiempo las vallas que caen mientras tanto. Siento que no estás, que me arde este deseo de tenerte cada noche, y me recreo en los recuerdos que tengo grabados en mi mente, que colman mis sueños del color de tu pelo, sólo para despertarme, un día más, pensando en ti...

Brutalmente bonita, así era tu sonrisa recortándose contra la luz de la luna, mientras íbamos devorando kilómetros con las manos entrelazadas sobre tu muslo izquierdo, intercambiando miradas que bailaban a las farolas de la carretera.

Como un rayo de luz era tu carcajada, atravesando las nubes negras que cubrían cada esquina de mi cama, mientras tu acampabas en ella y yo deseaba que ese momento no acabara nunca. Y desde entonces vivo enfadado con el tiempo, sin hacer otra cosa que prometerme que la próxima vez que te vea acabaré con él para siempre, mientras dure ese instante.

Y tu sentir, como un trueno que erizaba cada vello de mi cuerpo, comiéndonos a besos en un torbellino de fuego que arrasaba mis noches de poniente a levante y de sur a norte, atravesando mi cuerpo de la misma manera que rompían las olas contra la arena de tu playa, de mi playa, y de cada lugar donde te empeñabas en plantar en mi pecho tu pendón y tu bandera.

Tus besos, tiernos, dulces, como el agua que nos empujó contra el otro en Sevilla por las ganas, o la que nos hizo refugiarnos en el corazón contrapuesto de Madrid. Y cuando sueño con ellos no quiero ni despertarme, para quedarme colgado de tu pelo en mi cabeza, mezclando lo evocado con lo onírico en vaso de bourbon con hielo al borde la cama.

Y de todo, tu corazón, unido y frente al mío, tirados en el suelo de una habitación a las 5 de la mañana, mientras te doy con sal lo poco que todavía me había guardado para mí, a cambio de momentos que sólo vividos cobran el más hermoso de los sentidos, arañando mi alma y dejando todas tus marcas a la vista de cualquiera que se asome a mis ojos durante un solo segundo.

Te quiero así, perfecta para mí, un todo, "muriendo por mí", quiero ser el único que te muerda la boca, y ver en tu mirada el reflejo eterno de tu risa.

Hoy odio al tiempo y al espacio. Maldigo los kilómetros y cuento los minutos que faltan para volver a verte, para ser capaz de acariciar tu cuerpo y de besarte (Dios, como adoro besarte...) una vez más. Pero me sereno y te repito, que antes de que te des cuenta, antes de lo que piensas, serán mi pecho tu almohada y mis besos tu desayuno, serán los días un sueño y el tiempo algo sin importancia, para volver a dormir sin saber a qué hora, para volver a despertarnos sin un cuando, para ver las mañanas desde el balcón de tu espalda y que los días no pasen si es con tus dedos entrelazados a los míos. Que el tiempo es tiempo, sí, pero mis días no lo son si no es contigo.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Sin ti

Te has ido.

Me has dejado tus espinas,
defendiendo mi cuello de cualquier boca
que no sea tuya.

Me has dejado,
la guitarra sorda, el cielo sin estrellas,
y los vecinos tranquilos.

Te has llevado mis risas,
mis ojos de alquitrán,
y el carmín que maltrataba mi cuerpo.

Me quedé el calor de tus noches,
cada lágrima en mi almohada
y cada polvo sin freno.

Y ahora todo es sin ti,
hasta el sueño se me escapa
detrás de tu sombra,
cada suspiro que dabas
a tu cama me transporta,
y cada grito al mundo
me arranca de éste.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Labios del sol

Constantemente pienso en escribir la oda que merece cada poro de tu piel, cada beso por la mañana y esos hoyuelos en tus mejillas cuando sonríes por mí y por todo.

Con tus ojos brillando al día y a la noche, y esas lágrimas casi tan saladas como el sudor que nos cubre. Son olas que azotan tu costado y mi espalda, arremetidas del mar contra tu cuerpo y el fuego dentro de ti.

Ciegos de algo más que de whisky, embriagados del licor de tu cuerpo, y de tus gemidos en mitad de la noche. No sé qué hora es, ni a qué hora caímos rendidos al cansancio en esa cama por la que no pasan las horas, pero vuelvo a despertar entre tus risas, tapado con tus besos, y sueño que cada mañana puedo ver el amanecer desde tus caderas en cualquier momento que decidas despertar...

Callado te miro dormir agarrada a mi pecho, y con tus labios llamándome a morir en ellos. Que si aquí no he venido a morir, al menos deja que un día más nazca entre tus piernas, y coge mi mano para que te acompañe hasta su final, su muerte... El principio de otro día.

martes, 11 de octubre de 2016

Tormentas

Tormentas. Las escuchaba tronar a lo lejos desde mi cama. Incluso con las cortinas cubriendo aquel cuarto al que empezaba a llamar mío, la luz atravesaba mis párpados, llamándome en la noche...

Y entonces me asaltó; el atardecer del día anterior. Lo recordaba como la cosa más bella que había visto en semanas, y pensé el mundo como un espejo, así que cogí el chubasquero y sin miedo de la tormenta que tocaría tierra en instantes, inicié mi camino a ver el lado más salvaje de aquella postal que esa misma tierra me había regalado.

"Ella habría hecho lo mismo", pensé mientras se dibujaba una triste sonrisa bajo la capucha. "Y lo habría hecho dando saltos de alegría". A ella siempre le habían encantado aquellos regalos de la naturaleza.

Con el agua calándome los huesos llegué al acantilado. Pero allí estaba, la antítesis de la calma sobre el mar, que se levantaba en olas rugientes con sus crestas de espuma blanca hacia el cielo oscuro, lleno de nubes negras que no dejaban ver un atisbo de la luna esa noche, y este de tanto en tanto disparaba un relámpago que le devolvía la violencia al agua.

"Ahí están, son dos amantes, destrozando el mundo a su paso. No hay nada que se resista a su encuentro, nada hecho por el hombre que pueda detenerlos..." Las gotas de lluvia me limpiaban la sal de la cara, y aquella tormenta me apaciguaba el alma. Mientras, su cuerpo en mi cabeza, sus ojos dentro de los míos y el recuerdo que permanecía.

"Ella sí era una tormenta". Comencé a mirar las olas romper abajo, en la orilla. "Estaba tan en las nubes como en la tierra, y nunca el cielo descargó tanta rabia en cien años como la que sus uñas dejaban en mi espalda en una sola noche"

Fuego y sal,
para describirla se quedaban cortos.
Que si encontré mi vida al vivirla con ella, ahora que no vive en mí no me sé
encontrar,
perdido,
ni siquiera camino de este,
mi mar.

lunes, 10 de octubre de 2016

El amazonas en mi cama

Una maldita tormenta que arrasaba con cada uno de mis poros cuando tomaba tierra en mi espalda. Era un huracán al arrancarme la ropa y un tifón cuando se acercaba a besarme.

Al asomarme al filo de sus ojos caía al abismo, disfrutando cada paso que torpemente dábamos juntos hasta el infierno, y no era más que el principio... Mis ganas eran sólo la imaginación de nuestras intenciones.

Y si me rindo que sea con canas en las sienes, que mientras yo viva y beba no me sobra un solo beso, ni me faltan momentos para colarme a vivir en tus labios.

Era, aterradora, con un misterio detrás de cada esquina de su mente y una sonrisa a cada segundo que la miraba, era el bosque más salvaje del planeta, y un canto de sirenas en la barra de aquel bar.

Era sol y sal, con espuma de cerveza y el hielo en su cintura, con su largo pelo acariciándome la espalda mientras bebía de mi cuello. Era más alcohol que mujer, y más miedos que persona. Un faro en la luna, para que nunca dejara de mirar al cielo.

Y cuando abordó mi cama, mientras mi mundo se desmoronaba en una lluvia de acero y tinta, encaramado al mástil del dolor conseguí suplicarle, que por favor, que por piedad, lo hiciera una vez más.

jueves, 4 de agosto de 2016

Amanecer

Presenciar el amanecer desde tus ojos, como un espectáculo de fuegos artificiales en el que quedarse a vivir. Hasta que después de una noche en la duerman sólo la cerveza y el vino, la playa y tus miedos, no quede intacto ni el instinto de parar.