viernes, 20 de enero de 2017

C.

Como una sensación indescriptible que me sube desde la boca del estómago, esto es lo que siento, y se lo grito al mundo, hasta que lo sepan en la China, hasta que lo sepan en la luna;

Te quiero. Te quiero de verdad, y sin razón, mi corazón me lo manda, y andando camino al tuyo al tiempo las vallas que caen mientras tanto. Siento que no estás, que me arde este deseo de tenerte cada noche, y me recreo en los recuerdos que tengo grabados en mi mente, que colman mis sueños del color de tu pelo, sólo para despertarme, un día más, pensando en ti...

Brutalmente bonita, así era tu sonrisa recortándose contra la luz de la luna, mientras íbamos devorando kilómetros con las manos entrelazadas sobre tu muslo izquierdo, intercambiando miradas que bailaban a las farolas de la carretera.

Como un rayo de luz era tu carcajada, atravesando las nubes negras que cubrían cada esquina de mi cama, mientras tu acampabas en ella y yo deseaba que ese momento no acabara nunca. Y desde entonces vivo enfadado con el tiempo, sin hacer otra cosa que prometerme que la próxima vez que te vea acabaré con él para siempre, mientras dure ese instante.

Y tu sentir, como un trueno que erizaba cada vello de mi cuerpo, comiéndonos a besos en un torbellino de fuego que arrasaba mis noches de poniente a levante y de sur a norte, atravesando mi cuerpo de la misma manera que rompían las olas contra la arena de tu playa, de mi playa, y de cada lugar donde te empeñabas en plantar en mi pecho tu pendón y tu bandera.

Tus besos, tiernos, dulces, como el agua que nos empujó contra el otro en Sevilla por las ganas, o la que nos hizo refugiarnos en el corazón contrapuesto de Madrid. Y cuando sueño con ellos no quiero ni despertarme, para quedarme colgado de tu pelo en mi cabeza, mezclando lo evocado con lo onírico en vaso de bourbon con hielo al borde la cama.

Y de todo, tu corazón, unido y frente al mío, tirados en el suelo de una habitación a las 5 de la mañana, mientras te doy con sal lo poco que todavía me había guardado para mí, a cambio de momentos que sólo vividos cobran el más hermoso de los sentidos, arañando mi alma y dejando todas tus marcas a la vista de cualquiera que se asome a mis ojos durante un solo segundo.

Te quiero así, perfecta para mí, un todo, "muriendo por mí", quiero ser el único que te muerda la boca, y ver en tu mirada el reflejo eterno de tu risa.

Hoy odio al tiempo y al espacio. Maldigo los kilómetros y cuento los minutos que faltan para volver a verte, para ser capaz de acariciar tu cuerpo y de besarte (Dios, como adoro besarte...) una vez más. Pero me sereno y te repito, que antes de que te des cuenta, antes de lo que piensas, serán mi pecho tu almohada y mis besos tu desayuno, serán los días un sueño y el tiempo algo sin importancia, para volver a dormir sin saber a qué hora, para volver a despertarnos sin un cuando, para ver las mañanas desde el balcón de tu espalda y que los días no pasen si es con tus dedos entrelazados a los míos. Que el tiempo es tiempo, sí, pero mis días no lo son si no es contigo.

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