lunes, 7 de noviembre de 2016

Labios del sol

Constantemente pienso en escribir la oda que merece cada poro de tu piel, cada beso por la mañana y esos hoyuelos en tus mejillas cuando sonríes por mí y por todo.

Con tus ojos brillando al día y a la noche, y esas lágrimas casi tan saladas como el sudor que nos cubre. Son olas que azotan tu costado y mi espalda, arremetidas del mar contra tu cuerpo y el fuego dentro de ti.

Ciegos de algo más que de whisky, embriagados del licor de tu cuerpo, y de tus gemidos en mitad de la noche. No sé qué hora es, ni a qué hora caímos rendidos al cansancio en esa cama por la que no pasan las horas, pero vuelvo a despertar entre tus risas, tapado con tus besos, y sueño que cada mañana puedo ver el amanecer desde tus caderas en cualquier momento que decidas despertar...

Callado te miro dormir agarrada a mi pecho, y con tus labios llamándome a morir en ellos. Que si aquí no he venido a morir, al menos deja que un día más nazca entre tus piernas, y coge mi mano para que te acompañe hasta su final, su muerte... El principio de otro día.

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