lunes, 10 de octubre de 2016

El amazonas en mi cama

Una maldita tormenta que arrasaba con cada uno de mis poros cuando tomaba tierra en mi espalda. Era un huracán al arrancarme la ropa y un tifón cuando se acercaba a besarme.

Al asomarme al filo de sus ojos caía al abismo, disfrutando cada paso que torpemente dábamos juntos hasta el infierno, y no era más que el principio... Mis ganas eran sólo la imaginación de nuestras intenciones.

Y si me rindo que sea con canas en las sienes, que mientras yo viva y beba no me sobra un solo beso, ni me faltan momentos para colarme a vivir en tus labios.

Era, aterradora, con un misterio detrás de cada esquina de su mente y una sonrisa a cada segundo que la miraba, era el bosque más salvaje del planeta, y un canto de sirenas en la barra de aquel bar.

Era sol y sal, con espuma de cerveza y el hielo en su cintura, con su largo pelo acariciándome la espalda mientras bebía de mi cuello. Era más alcohol que mujer, y más miedos que persona. Un faro en la luna, para que nunca dejara de mirar al cielo.

Y cuando abordó mi cama, mientras mi mundo se desmoronaba en una lluvia de acero y tinta, encaramado al mástil del dolor conseguí suplicarle, que por favor, que por piedad, lo hiciera una vez más.

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