jueves, 30 de junio de 2016

El Nilo en sus manos

Dos pozos para el alma eran sus ojos, una mirada a la que acudía en busca de refugio cuando más arreciaba el levante.

Ella, como la montaña más alta, tenía mil y una caras, y en cada una de ellas habría plantado mi bandera para quedarme a vivir. Cuando conseguía desenterrar su risa de capas y capas de timidez y vergüenza, agachaba la cabeza mientras sonreía, y el pelo le cubría la cara como una cortina de seda negra tras la que se insinuaban todas y cada una de sus facciones. Como en la superficie del mar en calma una noche de verano, mientras le caían lacios los cabellos sobre la cara, podía verme reflejado en ellos, junto a la luz de la mañana que entraba por la ventana, sonriendo de la manera más imbécil que te puedas imaginar, soñando con sus labios.

Allí quería yo plantar los míos, e imaginando su cara pasmada tras mi espontáneo arrebato, me quedé imaginando, esperando a que ella me invitara a atravesar aquellos escasos centímetros que nos separaban para arrancarle un suspiro de entre los labios.

Y es que eran como las olas del mar, dos serpientes que se enfrentaban en su boca, y cada vez que hablaba yo quedaba hipnotizado con su movimiento... Quería morderlos, y arrancarle así los miedos para siempre, llevarme por delante sus preocupaciones y vergüenzas, y salir pitando de aquellas vidas anodinas sin mirar atrás.

Mirar atrás, arriba, abajo, yo no sabía donde esconderme de esos ojos marrones que me atravesaban el alma, eran dos estrellas que gobernaban en mi universo, y controlaban cada gesto de mi cara y mis manos torpes.

Esa noche me senté en la playa mirando las estrellas y no pude evitarlo, mientras las olas acariciaban la orilla con la dulzura de un amante, me estiré cuan largo era sobre la arena, respirando el olor a sal de mis orígenes, y me encendí un cigarro. "Éste, por ella", y cerré los ojos justo a tiempo de perderme aquel trozo de estrella que atravesaba el cielo en ese momento, riéndose del destino de mis palabras, que acabarían en otro universo donde nadie iba a leerlas jamás.

No hay comentarios: