viernes, 29 de enero de 2016

No a las princesas con tacones.

Quiero que lo sepáis: Odio a las princesas en tacones.

Odio a las mujeres que no ven más allá de unos zapatos bonitos, o una máscara de ojos. Lo que coño que sea eso.

Porque algunas solo se paran en eso, y a mí no me salva nadie que no haya venido a destruirme. Una asesina en serie de corazones, que busque destronar cada centímetro de mí a cada momento, alguien con quien despertarme encima de una toalla en cualquier orilla sin recordar como hemos llegado ahí, que cambie el vestido por vaqueros y una sudadera robada de mi armario, que tenga el pelo más corto que yo, o que camine descalza por la arena conmigo, mientras me pega en el hombro liándose un cigarro y metiéndose conmigo como haría cualquier tío.

No quiero ver rimmel cuando la mire a los ojos, quiero una mirada trasparente que me muestre el universo que se esconde en su cabeza al tiempo que lame el pega y se enciende el cigarro. Que se ría porque me he quedado embobado mirando sus labios al hacerlo, y me besé después escupiéndome el humo.

Y el mundo pasa así, de noche en la playa, con la guitarra, las estrellas y el tequila, en un sueño borroso de un momento que todavía no ha existido.

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