martes, 3 de noviembre de 2015

Mi desinhibida tentación

Hace mucho ya que me prometí escribirte un cuento, y mientras te escribía mi vida entera en busca del final, me olvidé como había empezado, el hilo argumental tenía tantos nudos que dejó de ser rojo destino para volverse rojo sangre, y las puntas no aparecían cortadas, sino quemadas en el más oscuro de los fuegos que me pude haber encendido.

Encontré los borradores en el humo de cada cigarro que me encendía, sintiendo que en cada golpe de viento, con la ceniza, caían 1000 palabras, y caían, cada vez que te escribía imaginándote allí.

Más aun creí verte, muy de lejos, y la noche ya me había cegado, cada sábado ocurría lo mismo, y cruzar por un puente me dejaba la sensación de haber regresado a la misma orilla, en la que la distancia no me deja verte, con esa sonrisa de la que bebo cada noche cuando me parece oler tu pelo en la almohada. Con esa sensación de vacío al descubrir la ausencia de tu cuello al despertarme, de tus besos con mantequilla, y del sexo con chocolate.

La vida, tu cuento prometido es un gato que se escapa por la ventana, mi brazo sobre tus hombros una excusa, que pobremente se argumentaba en el paraguas que cubría nuestros miedos, porque ya no quedaban vergüenzas, ni maneras de decirte que me sobraban las ganas. A mí.

Tú, y la antigua tradición de un mundo viejo, y los besos bajo la lluvia, las lágrimas en la almohada. Ni 3000 años de historias te valían como cuentos cada noche, y si te cuento que contaba ovejas como contaba los días que verdaderamente contaban, no contarías lo que te cantaba mi corazón. Ni cuentos ni canciones, siempre seré el cuenta cuentos y mentiras, sin más verdad que cada beso que te di esperando en tu portal.

Y entre portales y viajes, cervezas, y cada mordisco que se encendía otro cigarro para los dos, perdido en tus ojos y en cada uno de todos ellos que se giraban a mirarme desde las sombras, dejé pasar el tiempo como pasa la vida, como pasó cada beso que me pareció parar el tiempo para siempre, como pasas del amor, al odio...

Tú eres mi transición, la llama que recorre mi desinhibida tentación, eres fuego que mi calor apaga, y un suspiro bailando con el humo. Eres una vela que no termina, eres una estrella que sólo brilla de noche. Si vuelo, es por ti, si te amo, son mis labios que te buscan, y tú, que embriagas mi mente con tanta facilidad, y me sumerges entre las nubes de la más cruel y mundana felicidad, abres mi corazón a sentir todo aquello, que en la vida quise yo.

Y hoy no son mis cuentos los que te abrigan de noche, ni son mis besos ciegos los que te buscan cuando necesitan algo a lo que agarrarse en el sofá, no... Hoy no hay coches boca abajo, hoy el cielo no se va a enfadar con nosotros por no darle las buenas noches, hoy no voy a ver tu pelo abierto en abanico en la almohada, y en cada rizo un infinito en el que la luz de las velas se ha perdido para siempre, como yo, mi mundo y todas y cada una de mis noches...

No hay comentarios: