miércoles, 21 de octubre de 2015

¿Cuanto tarda en apagarse una estrella?

Hoy te he imaginado saliendo por la puerta, eras humo mientras ardían en tus ojos las llamas del odio, en tu nuca la heladora certeza de la realidad, y tu espalda, tras la marcha, un camino que ya no siguen mis ojos, no añoran mis besos, ni van a soñar mis noches.

No quiero ser sincero contigo, no quiero beberme tus besos. Ya no, aunque ahora es tarde como para que el miedo se apodere de mí. Hoy me persigue la amarga sensación de fracaso, se ha escondido en mis huesos, y vigila para que no salga. Supuestamente, debía ser acero damasquino, cada pliegue en mi hoja un catalizador más para que al cortar mi corazón el arma no pierda filo.

Intentaba imaginar un castillo de naipes cayendo, ¿no había pensado que está diseñado para morir al cabo de segundos? Pienso en todo lo que me queda por pensar, atento con escalar castillos de naipes, pues están abocados al fracaso, y echarme la siesta debajo no supondría demasiado riesgo. Supongo que me va lo de escalar para jugar mis cartas, supongo que latía fuerte mi corazón y que ya no era capaz de distinguir el cielo del infierno.

Pues si eres fuego, tienes mis labios para proteger tu piel, y mis besos que te cubran la boca, eres un infierno congelado. Pero si eres hielo... no había sólido que no se derritiera en presencia de nuestros cuerpos. Has conseguido eso, que de dar vueltas no sepa hacia donde queda la escalera al cielo, pero tampoco me importaría coger la "Highway to hell", si voy a acabar de nuevo contigo mirando las estrellas, si la vas a pintar tú y me coges de la mano con la intención de guiarme.

Por último, tus besos alucinógenos (que pintan supernovas en mi pared), y la profundidad de tus ojos, esos dos pozos en los que me gusta sumergirme si están cerrados con fuerza, y me dejan tus labios para que pueda seguir volando. "Joder...", y ahora sí que te digo que no aguanto mi propio ritmo, y que me da miedo comprobar donde acaba esta carrera de obstáculos.

Hoy te he imaginado desnuda, encima, como la muerte que tampoco tiene nada que esconder y te lleva en un día. Hoy te imaginé dormida, y tus labios me llamaban a despertarte en los centímetros que eran años luz, siempre tan lejos.

Hoy no puedo más contigo, y ya no sé si a cabeza o corazón, le tocará morir primero.

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