martes, 11 de agosto de 2015

Sueño incómodo

Voy a dormir inquieto, con la sensación de que no estoy donde debiera, durmiendo solo como no quiero, esperando el momento en el que, con suerte, soñarte otra vez...

Has sido el desfibrilador que ha despertado algo dormido tan dentro de mí como me había propuesto ponerlo. ¿Puedo echarte de menos? No me siento capaz ni de eso... Aún cuando rumiando tu nombre quiero preguntarte quien eres. Pensando en la manera más eficaz de hacer que pase rápido el tiempo, porque cuando las horas se nos hacen kilómetros, tus deseos se tornan promesas, y mis besos, la razón para no dejarte darme las buenas noches.

He intentado hoy escribirte por enésima vez, retratarte en un trozo de papel, y me falta el alma si digo que me faltas tú. Me falta todo lo que puedes darme, me faltan horas de sueño sin dormir, contigo. Y es que eres así, una brisa del norte que se cuela por la rendija de mi ventana, y al menos con palabras vienes a desearme dulces sueños.

Para dormirme pensando en ti no te necesito encima, ni siquiera que me lo digas, porque me sobra con estas ganas de arrancarte la vergüenza a mordiscos, la ropa a besos, y tu piel de gallina arrancándote suspiros desde mi boca.

Prefiero dormirme pensando en lo pronto que te voy a tener conmigo, y sueña tranquila, que llegará el momento en el que tengamos que empapelar las paredes con besos, y se acabará quejando el suelo de nosotros, el cielo envidiando la tormenta a ras de tierra y tus manos parando las mías, en una exigencia muda por que esa noche, no acabe nunca...

El tiempo recuperará su rapidez relativa a tu lado, el cielo perderá un ángel.

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