viernes, 17 de julio de 2015

El monstruo

Se internaba cada vez más en aquella cripta en la que había desembocado su investigación. "No podía haber lugar mejor," pensaba, "que uno rodeado de tanta muerte como he visto últimamente". Y así, pasando el osario de la entrada, caminó con paso decidido armado con una linterna y la 9 mm. que llevaba en el cinturón, preparado para encontrarse aquello que se le aparecía en sus pesadilla desde hace ya 3 largos meses.

Caminando notaba la capa de polvo que se había ido depositando en el suelo, a lo largo de años en los que aquél sótano de la iglesia principal de aquel pueblo perdido en el tiempo había permanecido cerrado a cal y canto. Sentía la gota de sudor que le descendía por la sien, prima hermana de aquella que le recorría la columna vertebral, humedeciendo su camisa, la humedad de aquella estancia lo estaba asfixiando, ¿o quizá sus pasos vacilaban ahora antes de tomar la siguiente esquina?

"Tonterías, llevo demasiado tiempo preparándome para esto como para dudar ahora."

Avanzaba apartando telarañas que colgaban del techo, y que confirmaban que alguien había pasado por ahí recientemente, miró al suelo en el siguiente cruce, y entonces descubrió las huellas. Tragó saliva, y se subió las gafas, que por el sudor empezaban a resbalar por su nariz, decidió seguir las huellas...

-No estás preparado para semejante misión de campo.

-Esta misión me incumbe personalmente y pienso...

-Precisamente por eso no puedes pensar con claridad. Ya he enviado a dos personas para que se encarguen de seguir una nueva pista. Hemos recibido una llamada anónima alertando de...

-¡No! ¡Así fue como empezó todo aquella vez, y por eso ella está muerta!

Salió corriendo del despacho de su superior, mientras montaba en el coche, y ya se había enterado del chivatazo. Cuando se dirigía a la casa en cuestión ya sabía qué debía de estar pasando, todo era un espejo de aquella otra vez.

Mientras bajaba del coche miró a la segunda planta justo a tiempo de ver la silueta de una compañera cayendo del balcón, y aún recordaba el estremecedor sonido de su cuerpo dando contra el suelo...

Lo sintió como un déjà vu, alcanzaba a ver un resplandor azul por primera desde que entró en la cripta cuando escuchó ese ruido sordo, que le devolvió a la realidad. Aquella misma noche había tenido que lidiar con la muerte de otros dos compañeros, y siguiendo los pasos del asesino había llegado hasta aquel sitio, a los pies del Dios al que tanto había preguntado las razones de su muerte... Cuánto la echaba de menos.

Siguiendo la fuente del aquel sonido llegó a un ensanche del camino, franqueado por dos estatuas con sendas calaveras sobre los hombros y cuchillos en las manos. Andó unos metros más, hasta encontrarse con un altar subterráneo, y apuntando con la linterna hacia allí, apenas tardó un segundo más en sacar la pistola y encañonar a la figura que había de espaldas a él, con la vista fija en el Sanctasanctórum.

Mientras se acercaba sin proferir ningún ruido, cercándolo, con la esperanza de que no lo hubiera oído llegar, un aluvión de sensaciones y pensamientos recorría su cabeza en un torrente sin freno; Venganza, orgullo, ira, miedo, incluso las posibles maneras que podía tener de matarlo. Por fin, se encontraba tan solo a unos dos metros.

-Te he estado buscando, hijo de puta...

Pero la figura no se giró, ni siquiera dió muestra alguna de haberle oído decir eso. Demasiado tarde se percató que no era más que otra estatua...

-Y yo te he estado esperando...

Aquello fue lo último que oyó antes de desplomarse sobre los escalones del altar, sin ver siquiera la cara del asesino, y con su sangre bañando el suelo de piedra, todo bañado en el color azul de la luna que entraba por una rendija en la pared más alta de la estancia, cayendo en un sopor mientras pensaba que el azul sí que podía ser un color cálido, como tantas veces le había repetido ella...

No hay comentarios: