lunes, 6 de abril de 2015

姻緣紅線 (Hilo rojo del destino)

Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa, quien tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia. Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevó hasta un mercado, en donde una pobre campesina con una bebé en los brazos ofrecía sus productos. Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie. Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo : «Aquí termina tu hilo», pero al escuchar esto el emperador enfureció, creyendo que era una burla de la bruja, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza. Muchos años después, llegó el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda. Y en el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entró al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente… Al levantárselo, vio que ese hermoso rostro tenía una cicatriz muy peculiar en la frente.

Entonces él se levantó de madrugada, con la frente empapada en sudor y la respiración entrecortada. No había dejado de tener esos extraños sueños desde que la había conocido, y por supuesto la culpaba de todo cuanto estaba ocurriendo en su cabeza... Sueños de gatos parlantes y demonios del fuego que no pueden apagarse, de humo entre las nubes y abrazos terrenales en noches en las que la mayoría de las personas pone la vista en el cielo pensando en sus dioses.

Sonrió, no pudo evitar acordarse de su sonrisa, del olor de su pelo cuando la abrazaba mientras cocinaba... "Me voy a acabar volviendo loco..."

Se levantó a por un vaso de agua, el suelo estaba frío aunque hiciera tanto calor en aquella falsa primavera, su espalda desnuda todavía húmeda por el sudor reflejaba la luz del fluorescente de la cocina. Cruzó las piernas y apoyó los codos en la encimera; "¿Y si...?", comenzó a pensar mientras le daba vueltas entre los dedos a un hilo que acababa de arrancarse de los pantalones. Él no era un hombre de fe, se regía por los principios de la ciencia, pero sin embargo le fascinaba la magia de dos personas cuando se conocen, y acaban recordándose desde siempre, le encantaba pensar que las luciérnagas brillaban con la luz de las estrellas, que cada átomo había sido forjado en el corazón de una estrella y que el viento estaba lleno de colores que algún día descubriría con alguien.

El reloj de la cocina le desconcertaba, era demasiado riguroso, ni un solo atisbo de improvisación, de aventura, en el constante tic-tac de sus agujas... "¿Cómo se puede vivir así?". Soltó el hilo sobre la encimera, y comenzó a estirarlo, pensando en cómo de congestionado puede estar un corazón para olvidarse de otro. Fruncía los labios, cansado, deleitándose del insomnio que ella le provocaba, maravillándose de que no hubiera nada más infinito que su mirada, aún cuando ella no era capaz de sostenérsela durante más de unos segundos porque se le enrojecía el corazón, y no pensaba permitir que nadie la viera ponerse colorada, o llorar, o sintiendo aquello que se prohibió a si misma otra vez.

Se dio la vuelta, y mientras volvía a su cuarto se miró en el espejo, fijándose en el hoyuelo que delataba cada sonrisa en su mejilla, y dedicándole otro pensamiento al recordar que a ella le encantaba. Le encantaba su boca, sus besos y la forma que tenía de abrazarla mientras se reía de ella. A él le encantaba que ella le negara cosas que su corazón gritaba, y se dormía pensando en el día que ella no pudiera acallar más el ansia que sentía por sus besos.

Finalmente ya en su cuarto, volvió a mirar la hora en el teléfono. Miró la fecha, solamente para darse cuenta del tiempo que había pasado desde la última vez que escribió. Era su forma de medir el tiempo, mientras que a otras personas les gustaba pensar en los días y en las noches, y contaban semanas o meses para que llegaran las vacaciones, él ponía puntos final a cada capítulo que firmaba de su vida, y lo hacía siempre con orgullo.

Así mientras cerraba otro capítulo riéndose solo, y dejaba el teléfono y el hilo que se había arrancado sobre la mesita de noche, cerró también los ojos y se embarcó en otro viaje, uno que pasaba por comprobar verdaderamente la ubicación del final del hilo rojo del destino que estaba marcando el camino a su corazón,

¿Puede estar ese hilo enrollado alrededor del mundo? Quiero decir, estamos siguiéndolo; aunque el final del hilo esté a apenas unos kilómetros de tu casa, si se alejara 150 para darle la vuelta a la Giralda y entonces volver, no podríamos saberlo hasta que no hayamos recorrido el camino, ¿no?

Sentía su corazón aliviado, como si la tirantez que toda su vida había tensado su hilo estuviera desapareciendo, como si algo en su interior brillara con la luz de las estrellas. Antes de rendirse al sueño, y a probablemente encontrársela dando vueltas por los rincones de su mente, volvió a notarse el hoyuelo en la mejilla, y se rascó el dedo meñique con el pulgar, pensando si sería demasiado arriesgado, el tirar un poquito más del hilo...

姻緣紅線



No hay comentarios: