martes, 10 de marzo de 2015

Noches solo

Me niego a que me obligues a dormir, nunca lo hizo siquiera el sueño, y tú intentas que pierda las ganas de seguir soñando despierto.

A veces pienso en el tiempo, en el cociente entre el que paso despierto y el que estoy dormido y sigue sin ser demasiado grande. En fin, se pueden dormir menos de 5 horas. Lo que no puedo hacer es seguir durmiendo solo, porque me está matando la sombra de olores que dejas en mi cama.

Tengo que decírtelo; las almohadas no son tan buenas compañeras de cama como lo eres . Ellas ni me dan las buenas noches con un beso, ni me despiertan cuando raya el sol para no perder un segundo del día conmigo. No les gusta perder el tiempo entre las sábanas, ni los masajes con los que empiezan tus besos. Tampoco me miran y se muerden el labio, ni me retan a ver quien es el primero que se atreve a decir nada, a mostrar nada, a enseñarle al otro lo que piensa...

Ellas no tienen cosquillas, ni aunque se las busque. No me ayudan con el vino, ni se fuman un cigarro a medias después de comer.

Por eso duermo sin almohadas, porque así me aseguro de no llevarme una decepción cuando por la mañana me levante y sepa que no estás ahí. Me encantaría levantarme sin hacer ruido mañana para no despertarme, y que tu imagen por la mañana no me dejara salir de la cama embobado, enchochado...

Te quiero de almohada, así, y de otras 50 maneras encima de mi cama.

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