martes, 16 de diciembre de 2014

Para soñar solos

Porque supongo que al dormir contigo el calor calma esta sensación, la del frío que siente mi cuerpo cuando pienso que mañana voy despertar sin oler tu perfume, sin ver las marcas de tu mente bordeando tu espalda, ni el rastro del hambre que pasamos la noche anterior acariciando tu columna vertebral...

Esta noche helada no tiene nada que hacer contra mí. He pasado por volcanes que expulsaban recuerdos afilados que hicieron mella en mi corazón, y he caminado sobre los cadáveres de mis enemigos, retomando el control de mi cabeza.

He contemplado las náyades bailar sobre mi espalda, intentando que no cayera en un sueño eterno, manteniendo con vida la mente de un poeta que antaño se dio por vencido y renunció a abrazar la luz del día. Luego he besado a esas ninfas, y tras darme la vuelta y atraparlas entre mis brazos se han esfumado convertidas en gotas de lluvia volviendo al mar.

Tras amar la vida, la oscuridad corpórea me susurra, retando mi capacidad de dsr vueltas en la cama, me ofrece tentaciones que poco tienen que ver con la noche que me espera, y se ofrece a acompañarme mientras me deja solo, a la deriva en un barco capitaneado por las yemas de mis dedos al posarse sobre tu cuello y patinar por tus hombros

El calor brota de mí, o eso parece. Este temor proviene ahora de una idea apenas concebida por la mente de un loco que se asoma al vacío desde un precipicio que acaba de escalar con la intención de volver a tirarse. ¿Será una invitación del Rey de los Demonios para aceptar su desafío y exponerme a las torturas del Purgatorio? ¿Acaso estoy sacando la cabeza por el primero de los círculos de su Inferno?

Sea como fuere, si verdaderamente ha tirado de mis barbas, ya puede ir a esconderse, nunca me rendiré hasta que llegue al Paradiso.

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