miércoles, 31 de diciembre de 2014

Calada de ganas.

Cuando tus besos se queden encerrados en la jaula de mi corazón,  y el sueño arremeta contra mi. Cuando se congele el infierno y no salga el sol por el este. Cuando el cielo arda, y camines sobre la brisa.

Mis ganas de besarte, de quitarte el pelo de la frente y perderme en tu cuello, de abrazarte y ver el sol del levante contigo cada mañana. Cuando viva sin el corazón en el pecho dejaré de hacer todas estas cosas.

Camino al borde del acantilado, y nunca la razón me tentó tanto para la que la arrastrara conmigo al fondo de aquella depresión de sentimientos que gobierna mi psique. Mis ganas se visten de gala y el temor me abriga en la puerta de cualquier bar.

Una pausa, un descanso del interminable juego al que hemos decidido jugar. Al exhalar, una nubecilla de vergüenza y presunciones abandona mi cuerpo. Cada vez te tengo más ganas.

Por otro lado, me inunda el deseo cuando inspiro a través de aquel canalizador de emociones y las ganas en mí de querer aumentan. Quiero abrazar la luna, quiero para el tiempo y detener el tránsito de las mareas, quiero que estés conmigo, darle abrigo a tu corazón, quiero que me digas que tú también quieres...

Porque no qué hacer con las ganas que tengo de tenerte...

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