viernes, 28 de noviembre de 2014

Cómo conocernos.

La calma que precede a la tempestad.

Supongo que estaba despierto mientras ocurría todo. Las voces, los pensamientos daban saltos en mi cabeza y se mostraban inquietos por lo que estaba pasando.

-¿Quien eres?

Me preguntaba a mí mismo mientras le hacía preguntas con los dedos.

+Una amiga.

Supongo que sí, la verdad es que cualquier otra respuesta está fuera de lugar, porque tanto tú como ella sabéis qué está pasando...

No, no tienes ni idea de lo que está pasando. Has querido olvidar quien eras esta noche y así has acabado confundiendo incluso los limites de tu propio cuerpo. La electricidad estática brota de tus manos, motivada por un instinto salvaje. Sabes que no hay más, que es pura química, que todo lo que está saliendo de ti viene motivado por el deseo.

Pero nunca es sólo eso. Sin embargo, en ese momento me puede mi naturaleza, que me impulsa a atacar... Y la muerdo, la beso, la agarro y la tiro boca arriba sobre lo que a estas alturas de la noche me parece una nube. La rozo con la punta de mis dedos...

-¿Segura?

+No. No pares.

Supongo que vuelvo a ceder e intercalo besos, preguntas y súplicas. La respiro, es refrescante, dulce. "Por favor, para de morderte el labio". Juro que no respondía, no era yo, y el desencadenante no sólo surgía de mí.

Sin embargo me apasionaba, cuando sólo era una idea, antes de arrancarle sin tapujos la venda de los ojos y la ropa de su cuerpo. Estaba perdiendo el tiempo, no me basta con eso.

Mareos, y todo dando vueltas alrededor. Parece que he bebido demasiado y ya no sé ni dónde estoy, como si fuera a importarme.

Por otro lado está allí, me abraza con su deseo, desecha la vergüenza y destrona mi arrogancia coronándose la reina de mi propio cuerpo.

[…]

Siempre he pensado que cuando hablamos con alguien la primera vez dejamos demasiado a la imaginación. Y clara es la verdad que nos hace animales por muy racionales que queramos ser una nuestra originalidad y nuestro afán por escapar de las cadenas de un cuerpo al que nos afanamos como a un clavo ardiendo a la hora de la verdad.

-Quiérete.

Pensándolo por un momento, somos dulcemente mortales, imperfectos, queremos cuidar el contenedor de nuestro ser. El templo de la adoración a nuestra propia mente.

¿Qué mejor que mostrarte totalmente sincero a las personas que realmente mueres por conocer? ¿Qué mejor que darle la bienvenida a alguien que acaba de entrar en tu vida a través de tu cuerpo?

Supongo que esa es la historia de por qué esos dos decidieron conocerse desnudos. No tenían nada que ocultarse, pero sí prisa por enseñarse como aprovechar ese momento, aprovechar al máximo la mortalidad y lo efímero de sus cuerpos. Tanta prisa que en su primera noche no pudieron pasarla sólo hablando, querían echarle un vistazo al pozo de sus almas.

El problema viene cuando no hay problema. Ni alcohol al que agradecerle la culpa, ni a la confusión por ser jóvenes. No hay malas intenciones, es eso que los demás llaman química, un lazo que une vuestros cuerpos en el tiempo a través de sus ojos.

Podría hablar siglos con ella y seguir queriendo conocerla. Tened prisa, ¡intentad abarcar el mundo con los brazos! Seguro que algunos te dirán que no puedes, busca a alguien que te ayude, que te preste sus brazos, su cuerpo y su alma mientras duerma a tu lado contemplando las estrellas.

"No hay nada que pueda acallar la curiosidad humana". Ama todo lo que haces, ama tu cuerpo y ama la gente. Ama el mundo que te rodea. Pues sois jóvenes y queréis el universo entero para vosotros, vais a hacer un Big Bang para compartirlo. Liaréis la vida y os fumaréis el recuerdo, quemando cada ápice de dolor y viendo como cada momento de felicidad chisporrotea entre las llamas del pasado, para desaparecer y unirse a la materia con la que se forjan las leyendas.

Y tú... ¿Qué queda que no te haya contado ya? ¿Por qué no vienes a averiguarlo? A día de hoy sí que puedo decirte algo siendo totalmente sincero;

-Encantado de conocerte...

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