lunes, 9 de diciembre de 2013

La fragua

Aquel incensate martilleo que aprisionaba al metal entre el mismo y la roca lo estaba volviendo loco. Ni siquiera podía cerrar los ojos, porque el río de golpes parecía no tener fin y se sobrecogía con cada nuevo estruendo.

Tum, tum. ¿Cuánto tiempo ha pasado?¿Cuánto llevo encerrado en esta celda de hielo y oscuridad? No sabía decir si había sido una semana o un año, todo había cambiado el día que se la rebataron.

Aquella noche la indiferencia relevó a los gritos, y sus corazones sufrieron. Dormían bajo el mismo techo y sin embargo sus mentes querían volar lejos, como huye el depredador a lamerse las heridas después de haber peleado con orgullo.

Tum, tum. Abrió los ojos otra vez para escudriñar en la oscuridad y descubrir un sombra que se perfilaba junto a su cuerpo para desaparecer un segundo después. Perfecto, ya habían empezado las alucinaciones, no tardaría en perder la razón.

Tum, tum. Ya no gritaba, ni lloraba, como hacía al principio. Ahora se agazapaba en un rincón a preguntarse cosas. "Por qué", esa era su favorita, pero también se preguntaba quién sería su carcelero, o si verdadermente existía. ¡Por supuesto! Nada de eso existía, seguro que se había vuelto loco hacía mucho y esa tortura sólo estaba dentro de su cabeza. O eso o había muerto y estaba conociendo el infierno.

Tum, tum. "A pesar del hielo que parece cubrirlo todo", pensó, "tiene que haber fuego, porque a veces se adivina un fulgor tenue por alguna arista de esta prisión".

Tum, tum. Siempre era de noche para él, pero con la noche de verdad llegaba el frío, y el no creía soportar más frío del que existía en su corazón. A veces creía que iba a dormir para siempre, pero nunca era así, siempre lo despertaban los golpes.

Tum, tum. Ya apenas creía recordarla como realmente era, de vez en cuando venía a se mente un atisbo de sonrisa, un mechón de ese pelo que tanto le gustaba a él. Incluso a veces en la oscuridad le parecía ver sus profundos y sensibles ojos marrones escudriñando los albores más recónditos de su alma. No tenía secretos para ella. Nunca los tuvo, ni esa fue su intención. Ella nunca parecío entenderlo.

... Y de pronto cesó. Sorprendido, alzó la cabeza esperando otro golpe, unos pasos, o alguna señal de vida. Nada. Su corazón se esforzó en esbozar una tímida sonrisa. Se disponía a soñar con ella...

Entonces vió luz, entraba por aquellos agujeros de las persianas que nunca se cerraban. Se había despertado empapado en sudor frío, con la respiración entrecortada y un fuerte dolor en el pecho. Pensó que había sido la peor pesadilla que había tenido en años... Esa sensación de opresión y la impotencia todavía no habían abandonado su cuerpo.

Tum, tum. Se sobresaltó, esta vez había sido un coche al pasar un badén seis pisos más abajo. Tenía la sensación de que había algo que seguía provocando un vacío en su corazón detrás de esa pesadilla, pero no recordaba qué. Decidió seguir durmiendo, así que se dio la vuelta para abrazarla fuerte, como a ella le gustaba, seguramente no se habría despertad... Entonces recordó, no estaba, su mano cayó rozando el otro borde de la cama, esa cama tan pequeña en la que siempre dormían los dos. Sus ojos se llenaron de miles de momentos vividos juntos y el sentimiento que marcaba el latido de su corazón se ahogó en un gemido antes de abandonarlo. Cerró los ojos y escuchó. Nada. Su corazón se esforzó en esbozar una tímida sonrisa. Se disponía a soñar con ella...

Despierta BB... Es solo un sueño.

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