viernes, 11 de marzo de 2011

Fría como el hielo

En verdad fue como fabricar un recuerdo...
Una noche el cielo nos pedía más, pero no fue entonces cuando te decidiste a acertar. Esa noche el calor me subía a la cabeza, seguro ruborizándome, y el sudor me descendía por la espalda... Cuatro veces estuve a punto de volver a por ti, pero algo me detuvo, y volví a mi cama de manos vacías, a dormir otra noche en el hastío, de no saber si sí o si no.
Fue días después, cuando el frío me cortaba el cuerpo, las cenizas cahían calentándonos y un amigo siempre presente nos endulzaba el espíritu, entonces el calor se hizo cuerpo, la noche manta y tú allí, en el río helado, te hiciste tú sólo como tú sabes y te subiste a la cumbre, sólo para poder ver mejor alrededor, o detrás...
Un juego, y muchas risas (Una idea fantástica al principio de la noche), muchas sorpresas, y burlas, y tú, dueña del juego, fingiste otra partida, al menos el comienzo, todos reían, y tú no eras menos, entonces... Esperaba encontrar algo frío, pero se cayó la piruleta y me perdí, encantándome esa jugada, ahí me di por vencido, habías ganado la apuesta.
Luego, entre dolor de muelas y un plan sin excusa que valga que por supuesto negaste, junto al mar, allí, volvimos a ser torpes una vez más, una vez que prometiste última, ¿no?

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