martes, 4 de enero de 2011

Chocolate...

Una luz que no ciegue y acompañe cuando es de noche, que se ha apagado.
Un cielo infinito colmado de estrellas y el sol que reina, que ha caído.
Un paseo por la tarde, notando los rayos del sol de frente, que se ha acabado.
Una comida en abundancia, con chocolate y caramelo, agotada.
Un brazo del que agarrarte al caminar y sonría al verte llorar de emoción, ya no está.
Unos ojos profundos como el abismo, llenos de bondad y de saber, cuyos párpados se cerraron.
Unas manos pequeñas, frías, humanas, que sentían palpitar el corazón, han desaparecido.
El mar de verano, con todas sus olas reflejando el brillo de la luna, que se ha callado.
La mayor persona que conociste, que te acompañaba al fin del mundo, se ha ido.
Lo que añorarías si desapareciese, aunque lo odies, lo ha hecho.
A pesar de todo lo que no está no aprecias lo que tienes, dejando que tu cabeza vague por dónde no existe realidad, sólo historias, cediendo a la presión que ejerce el corazón, ocultándose tras la sonrisa del joker, escribiendo desventuras de un soñador...

Cicatrices de gloria.

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