martes, 31 de agosto de 2010

The beginning of the end.

No puedo escuchar nada, mi mente se encierra siempre en lo mismo, no puedo escribir nada, ni siquiera puedo soñar, un sueño, una ilusión, una fantasía que se desvanece y que acaba por terminar con tus expectativas, el sueño no es más que eso, era una realidad, una mentira que alguien arruinó con la verdad, cayendo como un jarro de agua fría sobre toda esperanza, bañando de hiel el futuro, un futuro que prometía, una historia que podría haber fraguado en un corazón que se fragmente a cada momento...

"Voy a volver a verlo", no cesaba de decírmelo mientras apoyaba la cabeza contra la ventanilla, recién despertada del aburrimiento de la carretera, el sueño había sido lo único que me había mantenido alejada de las intermitentes líneas de la autopista, ya era casi de noche, el sol se ponía frente a mí y mis padres parecían cansados por el viaje, una vuelta, un retorno.
¿Ya se ven las estrellas?
-Paula, ya hemos llegado.
Mierda, me he quedado dormida otra vez. Había pensado en aprovechar de lo que quedaba del viaje hablando con mis padres, pero me ha vencido el cansancio, han sido muchas horas.
-Ayúdame a bajar las maletas.
Joder, como pesa... Una vez dentro de la casa me estiró en el sofá, ni siquiera puedo cerrar un poco los ojos después de todo lo que he dormido y apenas he cenado, tengo ganas de... De ti, como siempre. ¿A qué espero? Sabía que haría lo mismo nada más llegar.
-Mamá, voy a dar una vuelta.
-Descansa un rato, cariño.
-Ya he descasado lo suficiente en el coche, no volveré tarde.
Y cierro la puerta, por fin un poco de aire de la calle. Ya es 31 de agosto, joder, se acaban las vacaciones y otra vez a la rutina, bueno, ha sido un verano... ¿fructífero?
Camino por las mismas calles de siempre, saludando a la misma gente a la que siempre he saludado, parándome a comprar mi helado donde siempre me he comprado mi helado y me lo como por el camino, ¿camino a dónde? Al mismo bar de siempre, y llego a la puerta. 1, 2 y 3 escalones, abro la puerta y allí está él, como siempre.
Pensaba que todo había quedado en orden, que mi corazón había aceptado todo, que era imposible, que aquello no podía funcionar y que hacía lo correcto. Pero al verlo ha vuelto a mí cada lágrima de decepción que cayó en los días siguiente por mi rostro, cada vez que me he repetido "Te has portado como una cobarde", fue exactamente lo que él dijo, y ahora ¿tiene razón? ¿Qué quiero? ¿En verdad tuve miedo a lo que pasaría si continuaba con esto? ¿Lo tuve de veras?
Mierda, ya me ha visto, ¿por qué sonríe? "Hola, Álex" "¿Qué tal las vacaciones?" "Todo bien, ¿no?" "Que pena que ya acabaras el instituto". Segurísimo que te da mucha pena... Y se va, con sus amigos, se ríe, y yo finjo que busco a alguien, y que no lo encuentro. Y me doy la vuelta, incapaz de ver dos destellos fugaces que se clavan en mi nuca.
Ahora la brisa me quema la cara y no soy capaz de pensar con claridad, ¿Qué diablos pasó? Joder, tengo que arrepentirme ahora, que él está bien. Recuerdos, de noches, pocas noches, pero sin embargo, fue algo, que no me atreví a probar, una miel prohibida, eran tantos los contras que se presentaban a la hora de estar con él, y ahora, sin embargo, no pienso así, sólamente pienso en lo que me hubiese gustado no haberme rendido, haber continuado adelante, no haber pensado en lo malo que conllevaba, haberme dejado vivir un poco libre. Entro en casa, cierro con cuidado, espero no despertar a nadie, esa maldita herida que creía cerrada se ha abierto con cada kilómetro que recorría en dirección hacía donde se abrió, y ahora siento el tremendo vacío en el pecho, ahora no puedo entender todo lo que ha pasado en este verano, han sido demasiadas sensaciones en un marco de tiempo muy estrecho. Bah, céntrate, Paula, te quedan 15 días para hacer muchas cosas, aun puedes disfrutar un poco antes de independizarte, que grande suena, todavía hoy, a estas alturas, me siento como la niña pequeña que quería irse a estudiar medicina.

Una gota de sudor que cae por mi espalda, atenuada por el ventilador, el intenso calor de verano, la ropa que se pega a mi piel, la temperatura, ese calor tremendo, es mi calor. Ni el beso de la noche es capaz de retirar este maldito bochorno acentuado por la locura, el dolor de cabeza, y la juventud, ¿divino tesoro?, aprovecho lo que queda de vacaciones, no pienso dejarme llevar por la demencia, aun puedo mantenerme alejado de todo lo oscuro, puedo disfrutar de todos los placeres de la vida que se me ha asignado, aunque sean pocos, pienso hacerlos prevalecer ante las desgracias, quizá no podamos cambiar la mentalidad del mundo, pero sí que podamos encender una chispa que acabe por delatar lo bueno de la sociedad.

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