lunes, 14 de junio de 2010

Soñando con chanclas...



Hoy no siento el tiempo. He vuelto del exilio para reencontrarme conmigo mismo, para hallarme rodeado de lo que quiero, para desestresarme y chillar, gritar al cielo como el que más y corred descalzo por la plaza por el césped, acompañado de mis ilusiones, vigilado por mis pasiones, y escondido de las tentaciones. Sí, esperando un milagro, cualquier cosa que me saque de mi estado, estoy tan... Quiero decir... Es como... Bueno... Casi como... ¿Escotado? Es raro, es un frío y un calor, es el sentir el click de un reloj clavándote la mirada en la nuca, y la música taladrándote un oído mientras mece al otro, es como sentirte dividido, pero unido, al fin y al cabo, ya que conservas tus sentimientos y la entereza de las personas cuerdas, pero yo no estoy cuerdo, de hecho ni siquiera estoy de acuerdo, soy una de las personas más locas que conozco, sobre todo cuando me pongo así y no hay quien controle mis impulsos, dejándome llevar tanto como por un empujón de aire como por el chillido a la oreja de una demente, que me suena como el latón, o como la caja de una batería... Y luego el pam del viento en la persiana, despertándome de un sueño y descubriendo que no corro por el césped, sino por el cemento, y que no viaja conmigo la ilusión, sino el sueño, pero hay algo parecido a mi sueño, algo casi premonitorio: no voy descalzo todavía, pero llevo chanclas...


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