sábado, 11 de abril de 2009

Capítulo 1.2

2
Alice
Desperté, como todo los días anteriores, empapada en lágrimas de la noche anterior y con las ojeras provocadas por el poco tiempo que había pasado durmiendo. Aquella mañana hice lo mismo que todos los días, sin ninguna excepción, y, al igual que todos los días, llegué al instituto con los cascos puestos y escuchando Hardcore a las 8:25, demasiado temprano para mí, ya que tenía que pasarme esos cinco minutos sentada en el banco de la puerta de clase, viendo como los demás reían y hacían bromas, mientras yo me limitaba a sacer mi bloc y dibujar. Hacía tiempo que ya no dibujaba héroes ni paisajes idílicos, ahora me decantaba por todo lo macabro, o gore, por lo que algunos me tachaban de incomprendida. Y sonó el timbre, como todos los días, guardé el bloc y entré en clase. Biología, qué "chapazo", sinceramente, no sé como aguanto a primera hora esta clase, en cuanto el profesor se ponía de pie y empezaba a hablar y a hablar, yo me recostaba en el pupitre con los brazos debajo de la cabeza, y "atendía" a sus explicaciones. Fruto de mi "gran interés" por la asignatura ese día llegó mi primer suspenso en todo el curso, al que siguieron otros en las horas siguientes...
Y el descanso, como tantas otras veces, dibujando, hace tiempo que perdí la cuenta de los blocs que rellené, sólo estaba inmersa en el olvido, en la distancia, y, según el médico, una depresión causada por la desaparición de algo querido... Y tan querido...
Sonó el timbre otra vez, anunciando el final de las clases, comí mucho, si algo no había alterado aquella "depresión" era mi apetito. Pasé la tarde haciendo deberes y estudiando, aunque no cesaba de mirar el correo electrónico, supongo que el fondo nunca perdí la esperanza de que algún día volviese, dieron las 20:00 y nada, así que cené rápido, ni siquiera me detuve en la tele, y me di una ducha, comenzando así mi "pasíon" personal, cargando el resto de la noche con una cruz que acrecentaba mis lágrimas de camino a mi habitación. Me metí en la cama, y, como todos los días, me acurruqué, sin dejar de preguntarme porqué volvió para irse otra vez tan pronto, para llorar por el daño que había causado en mi corazón, y para sólo intentar una cosa más, que aún, hoy por hoy, se me antoja imposible... olvidarlo...

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