viernes, 27 de marzo de 2009

Películas.

-Entonces... eres de aquí...
Asentí con una leve inclinación de la cabeza y la acerqué más a mi cuerpo. Su tacto seguía siendo frío y aliviante, como el hielo de una Coca-Cola en verano.
-¿Vamos a algún sitio en concreto?
Entonces me paré y le puse las manos alrededor de la cintura. Donde tú quieras...
-¿Lo necesitas?
Uhm... Otro beso, esto cada vez me gusta más.
-No, pero quiero ver que pasa "luego".
Y me besó de nuevo, empezaba a creer que era yo el que quería que llegara luego.
-¿Tienes el coche por aquí cerca?
Esa pregunta la cogió por sorpresa, aunque salió rápido de su ensimismamiento.
-Sí, está en los aparcamientos de...
Pues hala... La cogí de la mano y la volví a besar, cambiando de rumbo nuestros pasos, dirigiéndonos ahora a otro destino, pasando por delante del pub donde estaban los demás, sin prisa, relajados, abrazados, en dirección al coche...
-"¿Y ahora?"
Vuelven las ironías... Acabábamos de entrar en el coche, un todoterreno con aspecto férreo, de esos que en los accidentes aparecen con un rayón en la pintura al lado de un turismo destrozado, aunque la verdad es que era práctico, muy romántico.
-Vamos a la playa.
Entonces me puso una cara rarísima, ininterpretable, y que todavía me río al recordar, pero el que cambió la cara fui yo, para ponerle cara de petición, la cara que le pones a tu madre cuando quieres que te deje con el patín en la plaza media horita más.
-Está cerquísima...
Entonces se mordió una parte del labio inferior y me cogió de las dos manos, nos acercamos y nos abrazamos en la típica pose de pareja de dibujitos manga frente al peligro... Tenía su cabeza debajo de la mía, y podía oler su pelo, su olor, que era ácido a la vez que dulce y adictivo, me embriagaba en la cabina del coche.
-¿Vamos?
Prrrummm.... El fuerte sonido de un coche antiguo al "arrancar" (se caló a la primera), no sabía que aquella cabina fuera tan cómoda, mientras ella conducía había espacio para que yo estuviera pegado a ella y con mi brazo sobre sus hombros.

Y paró el coche, bajamos y nos sentamos en el paseo marítimo, había poquísima gente para aquella altura de la primavera. Nos sentamos en un banco y nos abrazamos, cerquita, pues había un poco de viento y nadie quería pasar frío... seguro...
-Nunca había tenido una historia de éstas...
La verdad es que tenía razón, aquello parecía una película romántica en plan EEUU, o el libro de algún loco excéntrico que se aburre los fines de semana por la noche, bueno, daba igual, en aquel momento no había cabida para pensar en otra cosa que no fuera nosotros dos.
-La verdad esque es rara...
En media hora, una historia de pacotilla se había convertido en algo que podría haber optado a un Óscar si lo hubiera escrito Woody Allen.
Entonces me miró y sonrió de nuevo, acurrucándose en mis brazos, gesto que daba a notar que no quería que yo fuese a desaparecer, que no quería que me fuese de su lado, y nos besamos de nuevo, apasionadamente, rápido y romántico, para acabar a mirarnos a los ojos, viendo lo que cada uno sentía por el otro reflejado en sus pupilas. Al cabo de un rato y de muchos (pero que muchos)besos, fui yo el que rompió el silencio poniendo un dedo en sus labios:
-Esto no es una película, y tengo claro que te quiero.

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