domingo, 1 de febrero de 2009

Reencuentro.

Era invierno, pero eso no quitaba que en aquella zona geográfica hiciera el ya tradicional bochorno invernal, a pesar de llover, no hace frío. Eso era algo que a Jonás le encantaba, apenas llevaba ropa de abrigo, ya había anochecido, y, a pesar de haber un fuerte viento en aquella ciudad portuaria, apenas iba abrigado, únicamente llevaba un chaquetón y unos guantes para protegerse del frío. A pesar de las constantes predicciones de lluvia, él no había cogido paraguas, le encantaba improvisar...
Su vida no era gran cosa, era un adolescente de 15 años que se creía que su vida era una película, de hecho, su vida era una película, un drama, para ser más concretos. Parecía ser un imán a todo lo malo, todas las desgracias le habían tocado a él, en lo único en lo que parecía irle bien era en el instituto, ah, y en los amigos, pues si algo no le faltaba, eso eran los amigos.
Le acababan de llamar, y Jonás, a pesar de no estar muy por salir, se había decidido por no quedarse en casa un sábado, se aburría demasiado. Al llegar a la plaza en la que solían quedar, cayeron una gotas e inmediatamente dejó de llover, eso no le preocupó, llegó a una especie de templete que habían colocado allí para actos municipales, al llegar encontró a Erik, Sussie, Clark, Amelie y Rachel, se lo pasaba muy bien con ellos y era algo que no pensaba cambiar por nada, al llegar subió de un salto y Erik se precipitó enseguida a hablar con él. Jonás se extrañó de la expresión entre abatida y triunfante de Erik, sólo le dijo una frase, pero a Jonás le bastó para desear tirarse de cabeza al suelo adoquinado:
-Alice va a venir...
A Jonás se le cayó el alma a los pies. Había salido con Alice hacía poco, y todavía seguía habitando en sus mejores sueños, todavía la amaba, nunca dejó de hacerlo, pero el tenerla al lado sin poder besarla, ni siquiera tocarla, era demasiado para aquel chaval, a veces se quedaba embobado mirando el brillo cegador de sus ojos, almendrados, su boca, pequeña y perfecta, o incluso sus mejillas pobladas de pequeñas pecas...
-No puede ser, ella no sale, no sale, seguro que no sabe que estoy yo aquí.
Alice y Jonás habían roto en extrañas circunstancias. En realidad, había roto él. Ella había sufrido demasiado por su culpa y apenas le miraba a la cara, y cuando lo hacía, Jonás podía percibir una sombra de amor frustrado en sus pupilas, que destruía su corazón por dentro. Su ruptura había sido acusada por una estupidez, y es que Jonás la amaba demasiado, la amaba tanto que no podía estar sin ella sin sentir un enorme vacío en el pecho, pero tenía la sensación de que ella no sentía lo mismo, de que ella no lo amaba con la misma intensidad. El moría cada instante que pasaba sin ella, y antes de que eso culminara con su existencia, decidió ponerle fin.
-Claro que no sabe que estás aquí, si lo supiera, no vendría. No estuvo bien lo que hiciste, Jonás, ella te sigue amando, y tu a ella, ¿Cuál es el problema?
Él lo miró atónito, hablaba como si no supiera la embarazosa situación en la que había colocado a los dos.
-El problema, esque me odia, y claro que me siento mal, no debí hacer nada, pero ya no hay vuelta atrás, nunca volverá a ser lo mismo.
Una siniestra sonrisa se dibujó en la cara de Erik.
-Lo mismo no, pero puede incluso superarlo.
De repente se giró y dejó a Jonás estupefacto. ¿A qué se refería con eso? Nada sería como aquellas tardes que pasó a solas con Alice... Le dio un vuelco el corazón, le dolía demasiado pensar en eso.
Se limitó a sentarse en el suelo con los demás y a pasar unos diez minutos dándole vueltas al asunto, hasta que percibió una especie de ondulación en el aire, una aroma que apenas recordaba, y que le había hecho alertarse. Entonces, a unos veinte metros, divisó la figura de una muchacha joven, delgada y no muy alta, estaba completamente quieta, como si hubiera visto un fantasma, y entonces, para sorpresa de Jonás, continuó andando hasta situarse frente a ellos.
-Hola.
A pesar de que su intervención fue realmente corta, a todos les quedó bastante claro que no habían hecho bien al juntar a menos de cinco metros a Alice y a Jonás, tenía cara de pocos amigos, pero Jonás quedó deslumbrado por ella, sus ojos, estaban como los recordaba, tal vez más brillantes y más bonitos todavía. Se sentó al lado de Clark y entonces Jonás tuvo que apartar la vista de ella, y no porque quisiera...
La noche se le pasó realmente rápido, al final, primero Sussie, y después Amelie y Clark, se fueron a sus casas. Sólo quedaron Rachel y Erik, y, se puede decir que iban a su "rollo". A Jonás le costó demasiado empezar a hablar con Alice, se llevaron algunos minutos en silencio hasta que Jonás no aguantó más, necesitaba oír su voz:
-¿Qué tal las matemáticas?
A Alice le estaban costando mucho las matemáticas en el nuevo curso, y durante su relación, las matemáticas habían jugado malas pasadas a Alice.
-Mejor.
Se limitó a contestar una palabra, pero a Jonás le dolió como si fueran siete puñales, además ella había cargado las palabras con todo el desprecio que le fue posible.
Entonces, para colmo Erik y Raichel se iban, los dejaban solos. Tiempo le falto a Alice para recoger su chaqueta y salir hacia su casa. Jonás se quedó anonadado, calculó las posibilidades que tenía de alcanzarla y salió disparado.
-¡Alice!
Cada vez corría más, pero no veía acortarse la distancia que los separaba.
-¡Alice!
Entonces ella se giró y Jonás paró en seco. A Jonás le pareció que podía oler las lágrimas en la distancia, pues eran muchas las que surcaban el rostro de Alice.
-¡Déjame en paz!
Entonces se dio media vuelta, y aunque hubiera querido no habría podido irse, Jonás la tenía sujeta por el brazo.
-Alice, escúchame, estuvo muy mal lo que hice y lo sé, nunca debí dudar de tu amor, ahora más que nunca me doy cuenta de que la forma en la que yo te amaba la tenías más que merecida. Fui un estúpido, me atreví a pensar incluso que no me querías, y que por eso te mostrabas tan reacia a mi, entiéndeme, apenas me besabas, no me dejabas tocarte, pensé que lo que tu sentías por mi ya no era lo mismo...
Alice se quedó con la boca abierta, no se esperaba para nada una confesión por parte de Jonás y se quedó sin palabras. Él prosiguió:
-Fui un estúpido y un criminal, nunca debí dejar que lo nuestro acabara...
-No sé si te sigo queriendo.
Esas palabras tomaron por sorpresa a Jonás, no sabía como iba a actuar Alice, e incluso sabía que podía dolerle su reacción, pero no se esperaba nada por el estilo, sinceramente, él esperaba que fuera más franca y directa. Entonces una ráfaga de viento agitó el pelo de Alice. Jonás aspiró, y sintió de nuevo su aroma, tan característico...
-Jonás, me hiciste mucho daño, me ha costado mucho intentar olvidarte...
A Alice se le quebró la voz y se desmoronó, Jonás se apresuró a cogerla entre sus brazos antes de que se desmayara. Entonces comenzó a llover, y las gotas comenzaron a mojar los rostros de Alice y Jonás haciéndolos destacar debajo de aquella gélida lluvia.
-Jonás, bésame...
Él no se lo pensó dos veces, lo hizo, y ella se desmayó, pero con una sonrisa en los labios.

En cuanto Alice despertó lo hizo en la habitación del hospital, lograba ver los tubos fluorescentes típicos del hospital, un sillón negro y unas cortinas blancas, aparte de tres difusas figuras, oía el pitido de una máquina y escuchaba una conversación, no tardó en percatarse de que hablaban de ella:
-Menos mal que ese joven estaba con ella, ha sido una suerte que la haya traído tan rápido, aunque de todas maneras no tiene porqué preocuparse, ha sido sólo un pequeño desmayo.
-Gracias a Dios, doctor.
Entonces se dirigió hacia atrás y continuó:
-Gracias a ti también, Jonás, si no llega a ser por ti, no sé que habría pasado.
Entonces giró la cabeza y se dio cuenta de que Jonás estaba también allí, aparte de su madre y el médico. Él se limitó a agradecerle a su madre el reconocimiento.
-Mamá...
Su madre no tardó en girarse:
-¿Qué quieres, cielo?
-Déjame hablar a solas con Jonás. Su madre se quedó algo sorprendida, pero aceptó seguidamente.
-¿Qué quieres, Alice? Ella sonrió levemente, la reconfortaba oír su voz. -¿Cuánto tiempo llevo aquí?
-Sólo unas horas, son las dos de la madrugada. Él se había quedado con ella, no la había abandonado, todavía la quería...
-Jonás...
-Dime.
-No sé que hacer, necesito tiempo para pensar, estoy demasiado agobiada. Él la miró con afecto.
-Te entiendo, me he comportado fatal y debes de aclararte las ideas, me voy a mi casa, a cambiarme y eso, volveré antes de que te despiertes, espero que duermas bien. Jonás recogió su chaquetón y se dirigió hacia la puerta. -Una última cosa, por favor Jonás. Se detuvo frente a la puerta.
-Dime.
-Bésame otra vez. Él avanzó hacia la cama y puso sus labios sobre los de ella, pero los retiró al instante.
-Gracias...
Llegó a murmurar, antes de caer rendida. Jonás se apresuró a salir.
-Hasta luego, preciosa.
Alice se quedo dormida.
Esa noche volvió a soñar con Jonás, y, además, lo hizo con la certeza de que lo vería nada más despertarse, sentado en el incómodo sillón de cuero negro del hospital.

2 comentarios:

Fallen Angel dijo...

mezclas la realidad con la fantasía, y narras la historia desde un presente paralelo, es fácil deducir mucho de este texto.

Me has hecho leerlo... ¬¬
me las pagarás.

claus dijo...

a MI TAMBIÉN ME HA HECHO LEER : GRR.....GRacias por pasarte ....estos dias me sirves de mucha ayuda !!! espero caerme cntigooo tq