sábado, 7 de febrero de 2009

La noticia.

"No te vayas... Por favor, quédate conmigo"

Pero no servía de nada, por más que gritara y gritara Jonás se seguía alejando de ella, dejándola sola en la penumbra, abandonándola en su oscuridad, regresando al dolor, a la tristeza, a la soledad de no tener a nadie con quien llorar.

Se encontraba en una plaza atestada de gente, pero sólo le importaba una persona, y esa persona se alejaba cada vez más de su lado. Veía como se iba escabullendo de la multitud con su paso veloz y ágil, y al tiempo que lo hacía, sentía que parte de su corazón se iba con él.

"Jonás, no te vayas... Te quiero..."



-Alice, Alice, despierta, por favor...

Todo daba vueltas, tenía mucho calor, tanto que el sudor que la cubría hacía que se le pegase la ropa al cuerpo. Ante ella se encontraba el médico, observándola con gesto profesional y su madre, que agarraba su brazo con fuerza. Pero ella no miraba a ninguno de los dos, sus ojos se centraban en la persona que se encontraba al final de la estancia, observándola desde una esquina, apoyada sobre el reposabrazos de un sillón negro.
-¿Te encuentra bien, pequeña?
Entonces salió de su ensimismamiento y todo le vino a la memoria... Jonás, el beso, la lluvia, el hospital...
-Sí, claro.
Contestó Alice con voz débil. El doctor la miró incrédulo, su rostro presentaba un aspecto pálido y cetrino, debido a la fiebre.
-No se preocupe, la fiebre mientras duerme es normal, y el hecho de que hable en sueños, suele ser debido a pesadillas, contra eso no puedo hacer nada.
Añadió el médico, y salió de la habitación. Entonces, para sorpresa de Alice, su madre se acercó, y con una sonrisa pícara, le dijo al oido:
-No se ha separado de ti en todo este tiempo, muchas quisieran tener a alguien así al lado. Yo incluida.
Una sonrisa se dibujó en su rostro. Alice no recordaba esa faceta de su madre, nunca se había mostrado tan cercana a ella.
-Os dejo a solas.
Eso si que la cogió por sorpresa, esa nueva faceta de su madre le gustaba cada vez más, estaba empezando a desear que estuviera siempre así. Al salir de la habitación le pareció que su madre le dedicaba un gesto a Jonás, al que este respondió son un asentimiento. Entonces el se acercó, y como solía hacer, la besó en la frente y se quedó embobado con sus ojos mientras se apoyaba contra el filo de la cama.
-¿Qué miras?
Alice se mostraba divertida, a pesar del episodio que acababa de vivir. Jonás se limitó a contestarle con una voz suave y melodiosa.
-El brillo de tus ojos.
Entonces Alice rodeó su cuello con los brazos lo besó, y comenzó a sollozar. Estos cambios tan repentinos de humor hacían a Jonás sentirse impotente, sin nada que poder hacer para consolarla.
-Prométeme que no te irás-Dijo Alice con la voz rota por las lágrimas.-. Dime que no me vas a dejar sola.
Él se incorporó, la miró largamente y le colocó el pelo detrás de la oreja mientras sonreía misteriosamente.
-Eso era lo que ocurría en tu sueño, ¿verdad?
"Mierda, lo he vuelto a hacer". Alice hablaba en sueños, sobre todo cuando se encontraba en cama con fiebre.
-Tranquila, no tengo pensamiento de irme a ningún lado, y mucho menos de volver a cometer la estupidez de dejarte sola.
Alice lo miraba desde la cama mientras él le seguía acariciando el pelo.
-Te quiero, Alice, cometí una estupidez, por la que...
-Por favor, eso ya me lo has dicho, no tienes porqué disculparte más.
El la miró de nuevo y sonrió entonces la puerta se abrió y pasó el doctor.
-Si esta noche no le da más fiebre, por la mañana le daremos el alta.
La cabeza de Alice se contradecía, por una parte, podría salir de aquel hospital, pero, por otra, Jonás no estaría a su lado todo el tiempo. Le pareció que lo mejor sería dejar que el tiempo siguiera su curso.

Las nubes se cernían sobre toda la ciudad, y a través de la ventana de Alice se mostraba un paisaje bastante tétrico, no había salido en sol en todo el día, y ya empezaba a oscurecerse el cielo, lástima que desde allí no se viera el crepúsculo, sino, en más de uno de los incontables dibujos de Alice se habría visto reflejado. Pero últimamente sólo dibujaba besos, sobre todo bajo la lluvia, que le hacían evocar el recuerdo del desmayo.
Entonces sintió una vibración en la mesa. 1 llamada perdida de: Jonás. Seguidamente le contestó, pero al momento volvió a aparecer otra llamada perdida. ¿Qué querría ahora?. Encendió el ordenador y conectó el chat, pero Jonás no se mostraba online. "¿Qué querrá?.
Otra llamada perdida y otra contestación, pero ninguna señal de vida. Escuchaba los ladridos del perro del vecino a través de la ventana entreabierta y fue a cerrarla, pero entonces escuchó un click, una piedra acababa de caer sobre el escritorio. Corrió a asomarse y vio a alguien debajo de la ventana.
Estaba allí, Alice soltó una carcajada ante la idea de las piedras y se escondió en la ventana. Entonces una cabeza asomó por el alféizar con una sonrisa fija en el rostro.
-Me encanta el segundo acto de Romeo y Julieta.
Entró por la ventana y se apoyó contra el escritorio, con total naturalidad, ante la mirada incrédula de Alice.
-Jonás, ¿Qué haces aquí?
Él le miró divertido y habló como si estuviera actuando.
-Supongo que arriesgarme la vida, pues, si me descubrieran tus parientes, ay de mi vida, como a un bellaco me ensartarían.
Ella soltó una carcajada mientras Jonás se acercaba a abrazarla. Entonces la besó, y se le antojó extraño, aunque familiar. Alice se separó un momento y lo miró a los ojos.
-Suerte tienes de que no hay nadie en casa, ¿Cómo has subido?
Jonás se rió por primera vez desde el incidente en el hospital. Su risa ahora le parecía cambiada, quizá más grave, e incluso él parecía más alto, sin lugar a dudas, el tiempo le seguía cambiando a una velocidad vertiginosa.
-Por la reja de la ventana de abajo, no es difícil.
-¿Y porqué has venido?
De repente su sonrisa quedó sustituida por unos labios rectos y algo fruncidos.
-Porque tengo que decirte algo importante, es posible que mañana no vaya al instituto, puedo estar metido en un lío, pero me gustaría que por ahora no supieses nada.
Ella se quedó boquiabierta. Jonás no era de meterse en líos, tenía que ser algo gordo, además, debía saberlo su familia, porque sino no faltaría a clases.
-Te vale con saber que te lo contaré, y, oye, que te echaba mucho de menos.
Muchos recuerdos volvieron a la mente de Alice, recuerdos de cuando salían, secretos compartidos sobre temas cada cual más descabellado.
-De acuerdo-Concluyó abatida-.
El la miró de nuevo con una sonrisa, se acercó a ella y la cogió por la barbilla.
-Tranquila, eh, no quiero verte triste, volveré a subir por tu ventana, no me va a pasar nada. Oye, a otra cosa, ¿pudo salir ahora por la puerta?
Ella la miró entre divertida y enfadada.
-De eso nada, a bajar por la reja...
Jonás se encogió de hombros.
-De acuerdo.
Entonces comenzó a descender, y a medio camino, dijo con tono de burla:
-Te quiero Julieta.
Alice no se rió. Cerró la ventana, se estiró bocabajo en la cama y comenzó a llorar.
Odiaba no poder manejar una situación, era una persona muy independiente, pero necesitaba controlar sus círculos, pero lo que más le molestaba, era que Jonás era la persona que obstaculizaba su logro, y que la impedía hacer lo que quisiera.
Aquella noche se durmió esperando no soñar con Jonás, sólo por el mero hecho de que podría ser algo malo, y hasta los sueños en ese momento le daban miedo, pues ella no controlaba sus sueños.

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