domingo, 15 de febrero de 2009

Apariciones

De vuelta a su casa, a mitad del camino entre esta y la casa de Alice, Jonás se sentó y se echó las manos a la cabeza... No podía pensar con claridad y su corazón latía fuerte en su pecho. Solamente podía pensar en una cosa, la tarde en la que por fin había recuperado a su amor, la noche en la que ella había estado en el hospital, el momento en el que él volvía a su casa...

En el momento en el que se precipitaba a salir del hospital para volver a su casa a cambiarse, Jonás levantó la cabeza, y no le fue difícil adivinar cual era la habitación de Alice, pues era la única que mantenía la luz encendida.
Avanzaba rápido por la calle, quería volver cuanto antes al hospital, a cuidar de Alice, pero algo le hizo detenerse. Un extraño lo miraba en medio de la calle, no había nadie más que ellos dos, y el hombre se dirigió a él:
-Jonás, ven aquí.
¿Cómo sabía aquel extraño su nombre? La reacción del aludido fue consecutiva, dio media vuelta y cogió otro camino, pero llegó a oír murmurar una última cosa al extraño:
-Siempre es tan difícil...
Entonces, al girar la esquina, algo le hizo detenerse en seco, justo en frente de él estaba el desconocido, y no se encontraba solo, a su lado, otra persona miraba directamente a Jonás. A esa distancia no le fue difícil distinguir los rasgos de los dos desconocidos. Uno de ellos, el que se había dirigido a él, tenía unos profundos ojos azules, unos rasgos puntiagudos, nariz prominente y un pelo negro muy lacio le caía sobre la frente. El otro era de rasgos más armoniosos, ojos marrones y pelo algo largo, castaño y amoldado. Fue este último el que se dirigió a Jonás, para hablarle en un tono tranquilo y acompasado:
-Jonás, queremos ayudarte.
A Jonás esto le puso de mal humor:
-Ayudarme, no necesito ayuda estoy perfectamente y...
-No nos referimos a eso-Esta vez hablaba el hombre de pelo negro-. Sabemos que te sientes diferente últimamente, más especial, más... Sobrehumano.
Esta respuesta cogió de improvisto a Jonás, que se quedó con la boca abierta, se dio la vuelta y echó a correr precipitadamente, pero, para su sorpresa, el hombre que le había ofrecido su ayuda ya se encontraba delante de él, y lo agarraba fuertemente.
-¡Dejadme en paz!
El hombre de pelo negro, con un deje arrogante, se rió.
-¡Dejadme en paz!
El desconocido que lo sujetaba no tardó en reaccionar, lo soltó y, aún precavido por lo que pudiera ocurrir, se dirigió a Jonás:
-Jonás, nosotros somos diferentes, al igual que tú, y vamos a ayudarte, esto se te puede ir de las manos y no queremos que eso pase, por esta razón vamos a ayudarte a controlar lo que tienes dentro. Volveremos a buscarte, pero no le puedes decir nada a nadie, necesitamos algo de privacidad, ya me entiendes. Recuerda esto jovencito: no eres normal, y no te esfuerces en serlo porque no lo conseguirás.
Era cierto que a Jonás le estaba cambiando mucho toda su vida en los últimos meses, era más rápido, más fuerte y crecía a un ritmo imparable, hasta quedarse en 1,80. Él había achacado todos estos cambios a la adolescencia, al desarrollo corporal y todo eso, pero ahora veía las cosas de diferente manera y tenía miedo.
-Recuerda, volveremos...
Entonces Jonás levantó la vista del suelo, pero ya no estaban allí esos dos extraños, hecho que hizo que se pusiera más nervioso. Tardó un par de minutos en relajarse, pero luego continuó su viaje, no sin la dificultad de respirar causada por lo anteriormente acontecido.

Jonás se quitó las manos de la cabeza y miró al cielo. Podía ser cualquier cosa, incluso barajaba la hipótesis de que fuera una broma pesada, pero si en verdad era una broma, ¿qué había hecho a esos hombres moverse tan rápido que él ni los había visto? No paraba de darle vueltas al asunto, ¿qué pasaría a continuación? Una parte de él deseaba que vinieran cuanto antes, así se quitaría de encima el tener que esperar a que pudieran venir en cualquier momento. Pero otra parte de él se negaba completamente, pues no sabía qué era lo que tenían pensado hacerle, y tampoco sabía que pasaría después de su encuentro. Su vida, antes un drama en toda regla, se estaba convirtiendo en una película de ficción, y en ese momento ni siquiera sabía si su existencia era real, solamente tenía clara una cosa, y era que para nada quería meter en ese asunto a Alice, prefería que durmiera tranquila antes que preocuparse por él en todo momento.
Agitó la cabeza, tenía que acabar con todo cuanto antes, cuanto menos tiempo durara todo, antes volvería a ser como antes... Pero aquel hombre le había dicho que no se esforzara en ser normal, que nunca lo sería, ¿qué era mejor en ese momento, rendirse, o vivir como un delincuente? Todas sus respuestas se materializaron ante él del mismo modo que aparecieron sus respuestas:
-¿Estás listo para acompañarme?
A Jonás ni siquiera se le aceleró la respiración esta vez, pues quería que todo pasara cuanto antes:
-Adelante.
Los dos hombres se miraron y asintieron a la vez.
-Síguenos por favor.

No hay comentarios: